Yearly Archives: 2008

De quienes donde están no son y donde son no están

Al cruzar un desierto en un par de camellos
una pluma le dijo al señor de alzacuellos:
Yo no soy del nosotros, ni tampoco del ellos
ni de estos ni de esos ni esos otros ni aquéllos.
Que yo soy de esos seres que no son, ¡atropellos!,
y que pechillo al aire como al viento cabellos
desde puntos lejanos, orbitar por afelios
ponen rumbo a Vasconia hasta ver perihelios.
Esa es toda mi fe, esos mis evangelios,
dar un saco de arena, unas notas, los sellos
y gozar con mi pueblo y sus libres destellos.
Por lo tanto, si reza cuando esté en los sepelios,
por favor, del yacente le echó diga desuellos
por librar a los vascos y de estados plebeyos.

Del patriotismo partidista al partidismo patriótico

¡Qué tristeza de patria! Qué tristeza severa
es sentirse un patriota, no encontrar a tu vera
un partido patriótico, un partido que quiera
liberar a su pueblo más que a sigla cualquiera.
No a la EA, Aralar, EAJ o quien fuera
una Izquierda Abertzale, la legal, la que era,
sino al vasco y la vasca, a esa gente que viera
yo tan, tan libre antaño como presa doquiera.
¡Qué tristeza de patria! Qué tristeza trapera
es ser, ser un patriota, no avistar ahí afuera
un partido que todo por Vasconia lo diera.
Pues los hay partidarios, mas, mas yo hago bandera
por aquél que sin miedo para sí se dijera
lo primero es Euzkadi o si no que me muera.

Tras los remeros salta el capitán

Un etarra en la infancia, abertzale perdido,
a un buen preso político le soltaba dolido:
Sea viejo o ya joven, interesa a un partido,
aunque caiga el gran líder, el mantenerse erguido.
Un partido es su base, lo gentil adherido
tanto o más que su rostro más herido, zaherido,
sin embargo, sin éste, sin el más aguerrido
no es Partido Partido el partido Partido.
Y al revés, sin aquélla, sin la masa y su ruido
no es el líder el líder, es un líder fingido,
porque no es liderazgo liderar sin sonido.
Y aunque hasta pueda haber ascendido ascendido,
gran líder sólo hay uno, el que sube seguido
de que suba su pueblo a su puesto debido.

Una nube fresal sin lluvia de chispas…

Un jeltzale de izquierdas, un jeltzale sociata
a un sociata de diestras le decía con lata:
Si yo pongo las fresas y usted pone la nata,
a este postre le falta cual a mesa una pata.
Además aunque guste o ya sepa a la rata
que soplemos las velas y digamos patata
este plato en verdad, en verdad ha la errata
de engordar tal cual mata, de matar tal remata.
Puede ser, rebatió el siniestro con plata,
que no tenga bengalas ni barquillos batata
este dulce, ¡salado!, con sabor a piñata.
No le amargue, no obstante, un bocado pirata,
que ya dice el refrán de pastel si se trata,
quien reparte con arte es artista en prorrata.

Diálogo amoroso

A mi chica en los trece y después mi mujer
entremedias le dije una noche, doquier:
Piensa en mí cuando pienses, cree tú en mí al creer,
tenme amor, si me amas, si me quieres, querer.
Eres mi pensamiento, mi creencia sin ver,
óyeme estos latidos, del primero al postrer,
que son tuyos mi amada, eran vuestros ya ayer
y mañana y pasado… para vos van a ser.
Ella dijo, ¡precioso!, para mí, otro cualquier,
lo que dices y sientes, lo que tú haces nacer
en mi alma, el buen cariño, lo debías saber.
Hacia vos para siempre, hacia vos mi prender
unas llamas por dentro y corazón de arder
que verás encendido hasta ver mi yacer.

El hambre y las ganas de escribir

En la puerta de un templo de una chica ciudad
va y me dijo un mendigo con total santidad:
Deme usted, gentilhombre, deme por caridad,
esas vueltas, lo suelto o un Feliz Navidad.
Yo le dije perdone, no eligió muy sagaz,
solo llevo estas letras, se lo digo en verdad,
mas si quiere un amigo, pongo a Dios, a Deidad
por testigo que tiene en mi pluma amistad.
Ya lo veo, ¡poeta!, aunque yo he ceguedad,
van mis gracias de veras, vivo yo en soledad,
sin embargo, yo pido por pasar cortedad.
Repliqué, ya le entiendo, siento mi brusquedad,
mas entienda, no tengo, solo he yo en propiedad
estos versos, poemas y si quiere, hermandad.

Cuatro ojos no ven siempre más que dos

¿Qué están viendo tus ojos, qué están viendo los míos?,
cuando ante nuestros cuatro hay templados dos ríos
y tu afirmas sin duda que van llenos y fríos
mientras yo que calientes y casi tal vacíos.
Eran aguas de otoño, primavera, de estíos,
ni ardorosas ni heladas, de entretiempos tardíos
y te saben a invierno, a torrentes con bríos
las que a mi veraniegas, con niveles bajíos.
¿Qué están viendo tus ojos, qué están viendo los míos?,
cuando ante nuestro cuatro sólo había judíos
y tú dices que hispanos y yo vascos gentíos.
Eran dos israelitas y al mirar vaya líos
se te han hecho en el iris, se me han hecho mis píos
que españoles y vascos juran ver donde impíos.

Cuando pierda el huevo, no el fuero, le echará cojones

En la iglesia del pueblo jesuita sagaz
a los fieles decía escuchad, escuchad,
la razón de que un pueblo esté alerto, sin paz
debe estar en la ausencia, en faltar libertad.
Se hace libre el esclavo, esta es la gran verdad,
mas es falsa en el vasco, pues veréis, es veraz,
que serán ellos libres al perder facultad,
el poder y gobierne español con maldad.
Al vascón no le vale para hacerse el audaz
la opresión, tiranía, el sentirse incapaz,
se consuela rigiendo su vascona ciudad.
Cuando pierda el control de su chica heredad
y le manden de fuera y de dentro, yo abad
os lo digo ya entonces lucharéis y luchad.

De su boca a mi oído, de la mía al suyo

¿Dónde estabas, cariño? ¿Dónde estabas, amor?
Te busqué en el ocaso, te busqué en el albor
y otra vez como siempre, ¡hola amiga de autor!,
me has pillado en el tajo, aquí está el escritor.
¿Dónde estabas, tesoro? ¿Dónde, soplo a babor?
Frío y más frío oía, yo no entraba en calor
y apareces al uso, ¡hola apunte de honor!,
cuando estoy pluma en mano, aquí está el trovador.
¿Dónde estabas, susurro? ¿Dónde, esbozo a estribor?
Yo no daba contigo y me das tal dador
cuando estoy que escrituro, aquí está el redactor.
¿Dónde estabas, sirena? ¿Dónde, musa, do, Flor?
Me sentía muy sólo, no te vayas, ¡Señor!,
que contigo estoy bueno y sin ti ya peor.

Locura con cabeza, locura con razón

Qué desdicha la mía, qué desdicha sin cura
el caer poco a poco, el caer, qué tortura,
cual la niebla hasta el valle o al revés, hasta altura
en el pozo insanísimo de la triste locura.
Del que bebo yo a veces cual de fuente agua pura
un fervor, una ira, un perder la mesura,
sin lograr ni poder evitar la impostura
que domina mi cuerpo, la peor dictadura.
Qué desdicha la mía, qué desdicha sin cura
el pensar que estoy loco, el creer diablura
y neurona a neurona malgastar la cordura.
Que me queda, la poca, o la mucha, que dura
verdad como el aloque y la verdad de hondura
es que el cuerdo se aloca, es que el loco recura.