Cuando quiero ser libre, decidir libremente
por Vasconia y mi vida, aparecen de frente
por un lado el malito, de bondades carente,
y por el otro, el “bueno”, malicioso evidente.
El malvado es sin duda español que a mí enfrente
se me pone al de nada que yo defienda ardiente
a la Euzkadi y su ser de por sí independiente
y la consulta al pueblo y una paz conveniente.
Con comillas el “bueno”, de latente patente
va y se vuelve si quiero, y además sutilmente,
dedicarme a las letras y ser sólo escribiente.
Rechazado, por tanto, mi político ente,
me condena a mí al paro y si pierde ascendiente
sobre mí le amenaza sin futuro al presente.
