Yearly Archives: 2009

Pescador de dulzuras

Desde un pueblo en el valle por revuelto camino
hasta un lago hoy de barro como arena y alpino
un anciano de caña, pita, anzuelo y butrino
a diario subía con aliento cansino.

A evocar en el alma un pasado azulino
en que sueltos los cabos, con velamen latino
se arrojaba a las aguas cual si fuera un marino
confiando pescar con paciencia y buen tino.

Cuando un día vagaba por allí un peregrino
quien al verlo ensoñado recogiendo un espino
le llamó patrón mío, venga aquí, hacia este pino.

Que se embarca al segundo este hombretón salino
como usted que resiste a un destino anodino
e imagina un presente ideal, mas divino.

Oximorones posibles

Un invierno de fuego, un verano helador,
un otoño florido, primavera sin flor,
un océano seco, aridez con vapor,
viento sur de la Antártida, boreal de calor.

Un ocaso radiante, un sombreado albor,
un mutismo sonoro, silencioso fragor,
un allende a un pasito, cercanía ulterior,
infinito lacónico, sempiterno furor.

Un acero sin chicha, un papel con tenor,
un compacto ensanchado, inflexible tensor,
gravidez delicada, un sutil pesador.

Un deleite insufrible, un gustoso dolor,
un aroma antipático, seductor mal olor,
improbable manjar y un feliz sinsabor.

La voluntad

Una tarde de otoño del invierno pasado
en un pueblo perdido todo el cielo ganado
ciertamente tenía entre hojillas plantado
aquel ser de cartón mal escrito, no errado.

Que decía, buen hombre, pare usted a mi lado
a leer estas letras, no es un tiempo gastado
pues va en ellas mi vida, mala vida me ha dado
la fortuna que juro como hay Dios no he buscado.

Perdí pronto a mis padres, a mujer en estado
junto a un par de gemelos, otros dos me han quedado,
uno en silla de ruedas, el segundo cegado.

Me han tirado la casa, del trabajo pagado
y en la calle y al aire libre vea he acabado
sin poder ofrecerles ni siquiera un bocado.

Cosas de fe

No doy fe a monarquías, no doy fe a soberanos,
no doy fe a versallescos, no doy fe a besamanos,
no doy fe a dictaduras, no doy fe a los tiranos,
no doy fe al alto mando, no doy fe a milicianos.

No doy fe a españolistas, no doy fe a castellanos,
no doy fe a Torquemadas, no doy fe a sus hermanos,
no doy fe a los periódicos, no doy fe ni a escribanos,
no doy fe a patronales, no doy fe a los “gitanos”.

Pues he fe en las Repúblicas para y por campechanos,
en las críticas justas, en los buenos paisanos
como en pueblos de libres y quizá en partisanos.

Pues he fe en las naciones cual en llanos cristianos,
en las plumas sin pelos, en qué mas, ciudadanos,
en la clase explotada y en iguales humanos.

Las lunas del ser

Cuántos ojos he visto, cuántos ojos, a pares,
ojos verdes cual campos, ojos garzos tal mares,
ojos grises de piedra, ojos pardos, lunares,
ojos negros, en luto, ojos áureos, solares.

Cuántos ojos he visto, cuántos ojos, dispares,
ojos malvas cual pétalos, ojos miel tal almiares,
ojos lilas de lirio, ojos pizca juglares,
ojos rojos, en sangre, ojos blancos, polares.

Cuántos ojos he visto, cuántos ojos, impares,
ojos puros a gotas, ojos turbios aguares,
ojos vivos en sueños, ojos ciegos en zares.

Cuántos ojos he visto, cuántos ojos, radares,
ojos dulces en casa, ojos ebrios en bares,
ojos libres los justos, ojos presos millares.

Días de cristal

Días, días y días, días tiene la vida
en que el cielo está triste, no se ve la salida
del Sol, sólo sus lágrimas, seco lloro en caída
por levante, en poniente una luna partida.

Días, días y días, días tiene la brida
del vivir en que el mar retirado, en su ida
deja al aire en la arena como un surco, una herida
que no borran las olas, la marea venida.

Días, días y días, días tiene la huida
del tic tac en que el tiempo ha la aguja dormida
y la tierra a lo triste gira y gira dolida.

Días, días y días, días tiene la habida
existencia en que el alma abrumada se olvida
del presente, al pasado o futuro va hundida.

Justo antes que el amén

Padre Nuestro, Ser, Sol, Luz, cual seas llamado,
cómo debe un humano ante vos humillado
que hacia el bien, la verdad y el amor ha orientado
la existencia actuar ante un mal descarado.

Padre Nuestro, un cristiano bestialmente tratado,
con los ojos en aguas, corazón abrumado
y mejillas en carne viva cómo es honrado
se comporte ante quien quiere verlo alterado.

Padre Nuestro, Aire, Agua, Pan, cual seas nombrado,
cómo debe un humano ante vos confesado
operar ante aquello que le tienta, es malvado.

Padre Nuestro, un cristiano que se ve maltratado
sin poder hacer nada por cambiar ese estado
cómo es justo que actúe, qué es lo sano y dechado.

La mía a ser posible mejor

¿Qué existencia deseo? La que siempre he soñado, 
liberado del todo, para nada amargado,
con justicia por norte, la verdad como estado
y un deber con el mundo y el humano operado.

¿Qué existencia deseo? La que siempre he buscado,
agarrado a la pluma, a palabra en labiado,
con futuro en el verso, sin poema en pasado
y un presente no escrito, por obrar, esbozado.

¿Qué existencia deseo? La que siempre he anhelado,
aferrado a principios, con el fin vislumbrado
de partir entre todos lo que a nadie le es dado.

¿Qué existencia deseo? La que siempre he albergado,
confiado a la dicha, resistiendo el penado
entre gente de bien y el amor a mi lado.

Mensaje de Su Santidad el Pueblo

Como vengas, foráneo, como vengas, oscuro
enemigo, a pasarte por el forro ese muro
de la casa materna y colarnos un puro,
no te salva ni Dios, no te libras, lo juro.

Como vengas, extraño, como vengas, impuro
adversario, con ganas de pelea, a lo duro
a romper nuestra paz y divino futuro,
no te salva ni Dios, no te libras, seguro.

Cómo vengas, contrario, como vengas, perjuro
contrincante, a encerrarnos en un muy triste apuro,
no te salva ni Dios, no te libras, lo auguro.

Como vengas, opuesto, como vengas, maduro
de maldad, a buscar nuestra boca en cianuro,
no te salva ni Dios, no te libras, lo adjuro.

Por causa natural

¿Cómo quiero morir? Por el rayo alcanzado,
elevado a las nubes con un ojo ventado,
lapidado a granizo, por impacto dorado
de un fugaz meteoro, bajo un arco irisado.

¿Cómo quiero morir? En los polos helado,
atrapado en la lengua de un glaciar, enterrado
so corrida avalancha, en el golpe pescado
de las dunas del mar, sobre un curso espumado.

¿Cómo quiero morir? Por la lava abrasado,
despeñado en temblores de la tierra, tragado
por las olas de arena, bajo un Sol eclipsado.

¿Cómo quiero morir? En las hojas plantado,
reposado en las líneas de unas palmas, llevado
al color de luceros, sobre un son palpitado.