Desde un pueblo en el valle por revuelto camino
hasta un lago hoy de barro como arena y alpino
un anciano de caña, pita, anzuelo y butrino
a diario subía con aliento cansino.
A evocar en el alma un pasado azulino
en que sueltos los cabos, con velamen latino
se arrojaba a las aguas cual si fuera un marino
confiando pescar con paciencia y buen tino.
Cuando un día vagaba por allí un peregrino
quien al verlo ensoñado recogiendo un espino
le llamó patrón mío, venga aquí, hacia este pino.
Que se embarca al segundo este hombretón salino
como usted que resiste a un destino anodino
e imagina un presente ideal, mas divino.
