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A cero

En el cráneo del mono, en el hombre primero
y en la piedra y el bronce y en el hierro y el cuero
y el papiro de Egipto y en el chino florero
he buscado el saber, mas no lo encuentro empero.

En Asiria, en astrónomo babilonio, en Homero
y en los foros de Roma y en el Cartago entero
y los Diez Mandamientos y en el Cristo en madero
he buscado el saber, mas yo solo hallo el pero.

En los Suevos y Alanos y en el Vándalo fiero
y en Mahoma y los Mayas y el Medievo postrero
he buscado el saber, me descubro que inquiero.

En la Viejita Europa, Nuevo Mundo y naviero
de vapor y en el tiempo de la luz y el acero
he buscado el saber, mas yo retorno a cero.

Soneto a Bach

Bach es Dios en la música, Bach el cielo en cantado,
Bach la Luna en las notas, Bach el brillo en sonado,
Bach el viento en el aire, Bach el arco irisado,
Bach la luz, Bach el halo, Bach la paz, Bach el hado.

Bach es Dios en la música, Bach el suelo encantado,
Bach la duna de lágrimas, Bach el grillo asonado,
Bach el tiento del musgo, Bach el charco agrisado,
Bach la cruz, Bach el palo, Bach la faz, Bach el prado.

Bach es Dios en la música, Bach el hielo en tonado,
Bach la olita en los sones, Bach el rayo en tronado,
Bach el mar, Bach el faro, Bach la sal, Bach el fado.

Bach es Dios en la música, Bach el vuelo entonado,
Bach la cola del piano, Bach el gallo entronado,
Bach el zar, Bach el claro, Bach la cal, Bach el grado.

Johann Sebastian Bach

En Turingia y en Eisenach de familia de artistas
musicales, el siglo diecisiete, ocho en vistas
el Señor de las notas que eclipsó a muy elitistas
vio la luz, templo y corte son los Medicis, ¡pistas!

De este Sol entre sacro y profano de alcistas
melodías, acordes contrapuntos, no aristas
que en cantatas tal arias y pasiones provistas
de emoción llevó a Dios cual al fiel a coristas.

Y la música al cielo, el barroco a teclistas,
vario género al súmmum y más allá a organistas
y la gloria a las voces y la paz a solistas.

Quien no tuvo a su tiempo al compás, concertistas
posteriores le honraron, le honrarán futuristas
por alzar la armonía a unas cotas bienquistas.

El palacio de Odín

Ratisbona, hasta siempre, Ratisbona, me espera
“La Vasconia”, mi vela, Múnich, Dios lo que quiera
y el canal Rin, Danubio, Meno, toda la esfera
de este mundo si he tiempo, si no parte siquiera.

Ratisbona, hasta siempre, Ratisbona, ahí afuera
a unas millas he un lindo Partenón, hora muera,
que es un templo alemán, que es la Grecia por fuera,
el Valhalla que le honra al ilustre que diera.

La Germania, a Copérnico cual al Kepler, lumbrera
de la música, a Bach, a Beethoven, a fiera
de la vida política, a von Bismarck, ¡la pera!

El Valhalla que en mitos de los nórdicos era
el Olimpo al que iba al morir la guerrera
y honorable persona, no un don nadie o cualquiera.

El polifacético Galilei

Quien creía que el orbe en su ruedo y elíptico
torno al Sol producía las mareas, el cíclico
ir, venir de los mares, del depósito hídrico
por haber movimiento veloz-lento fue un físico.

Galileo, el del péndulo isocrónico, el crítico
de a menor cuerda espacio recorrido más pírrico
y a mayor pues mayor, fue también un balístico
de parábola y tiro al oeste-alba e hípico.

Galileo el filósofo natural como empírico
que veía en las letras matemáticas, ¡místico!,
las razones primeras de este cosmos olímpico.

Galileo el rebelde sabio como científico
enfrentado a la ciencia y a la fe, el buen pacífico
obligado a abjurar de su ser tan verídico.

Patinó en la mar, atinó en el cielo

Censurado Copérnico y el sistema heliocéntrico,
no demuestra, no prueba Galileo al escéptico
“Torquemada” con flujo y reflujo, ¡académico!,
que la Tierra se mueve, que es el Astro lo céntrico.

Y el consejo de un hombre más, más de Dios que angélico
recibía, desecha tú defender lo herético
y formula, ay, ideas en un tono hipotético
y lo hacía en su libro dialógico-esférico.

Sobre el par de modelos antagónicos, bélico
el ambiente encontraba en la Roma que al tétrico
Tribunal lo mandaba a abjurar, ¿fue ergo ético?

El arresto en su casa, ¿fue tal vez evangélico
por faltarle razón, no la fe, ser enérgico
con aquél al que el tiempo declaró ser auténtico?

Galilei y el firmamento imperfecto

Galileo, el qué y padre de la ciencia llamado,
inventado anteojo, telescopio enfocado
a las cosas terrestres sin tener un dechado
lo reinventa y dirige a los cielos osado.

Do descubre un gran mundo, así nunca avistado,
que dejaba a aquel cosmos tolemaico y centrado
en la Tierra muy helado como cuasi probado
el sistema heliocéntrico, a Copérnico honrado.

Porque allende observar en el Sol el manchado,
pico y cráter lunar, el Saturno anillado
y las lunas de Júpiter, algo más vio asombrado.

Que el modelo anterior, geocéntrico errado
no podía dar cuenta, que hay en Venus estado
de creciente, menguante, lleno, nuevo y lunado.

El sabio científico y revolucionario

Galilei, Galileo que vino al mundo en Pisa
entre el Brahe y el Kepler, mil quinientos, ¡sin prisa!,
y sesenta y cuatro estudiaba en camisa
de saberes, el título lo obtenía, ¡hay que risa!

Este astrónomo, físico, matemático a guisa
propia como filósofo, quien la ciencia a la misa
llevó tal el mostrar con los hechos premisa,
¡la inducción-deducción comprobada! ¡Hay que brisa!

Que le mueve a inventar herramienta precisa,
termoscopio, pulsímetro, el compás para huidiza
calculada y cual tele microscopio, ¡ahí divisa!

Las verdades y cuentan que en la torre imprecisa
demostró que los cuerpos de diversa plomiza
caen no obstante a la vez, a Aristóteles plisa.

Los sabios y los científicos

En el año trescientos diez, el Cristo nonato,
Aristarco de Samos nació en Grecia, ¡ojo al dato!,
y se opuso a Platón y a Aristóteles, ¡grato!,
al decir que la Tierra no era el centro, ¡qué olfato!

Del espacio, sí el Sol, que es inmóvil un plato
de centellas, los astros, las estrellas su hiato,
semejantes y el orbe a los hombres innato
le dan vueltas, ¡Copérnico de antemano! ¡Qué ingrato!

Es el hecho científico pues saber hay sensato
que echar no echa raíces y parejo al de un rato
a un buen mundo da entierro, mueve el suelo, el estrato.

De creencias e ideas, cosmognosis, jabato
cual Heráclides Póntico que hizo afín el relato
al danés Tycho Brahe y antes sabe qué trato.

Nicolás o el Zar del Universo (II)

En su libro editado en mal año, en mortal
pues tenía pavor a la esfera eclesial
y a posibles errores sostenía el genial
y prusiano Copérnico una idea mundial.

Que el estático Sol es el centro espacial
y los seis planetarios en su viaje orbital
lo rodean, la Tierra cuenta un giro dual,
sobre sí uno a diario, sobre el Astro uno anual.

Y se inclina su eje, con lo cual, ¡ay qué actual!,
ya se explican los días, equinoccios e igual
estaciones, ¡la Luna circunvuela mensual!

¡Nuestro cuerpo terrestre!, lo estelar no, lo astral
está inmóvil, no obstante lo orbitario esferal
clamó ser bien redondo, Kepler fue elipsoidal.