Para hacer poesía hay que estar muy prendado
o dolido de veras o mejor apenado
o al igual que un agosto en el cual ha nevado
o tal vez como un río que a la mar no ha llegado.
Para hacer poesía hay que estar cabreado
o sentirse al igual que un volcán apagado
o quizás como un toro en la arena postrado
o mejor como un árbol que ha quedado talado.
Para hacer poesía hay que estar muy tocado,
como un mar que a las playas sin querer ha besado
o sintiendo el amor que en un tris se ha acabado.
Para hacer poesía hay que estar derrotado,
como un monte que verde a estar blanco ha pasado
o tal vez como un sol que ha quedado eclipsado.
