A Zumaia a la casa de Jesús bien llamada
o Jesuskoa en euskera he ido yo con mi amada
y he encontrado en dos días o jornada y jornada
todo el cielo en la tierra y la paz tan buscada.
Y es que es más que una casa y también que morada,
es más bien poesía de madera y gastada
piedrecita que acoge a la gente alojada
con las manos abiertas y sonrisa que agrada.
Gracias pues, buena casa, por estar encantada
y ponernos ojitos puros como mirada
cristalina que nunca será en vida olvidada.
Imposible lo sea pues la casa no es nada,
nada más que las vidas que ella cuenta y la dada
por Ramón como Ana es de lujo llevada.
