En la cima de la lengua
y en la punta de los labios
tengo una gran lluvia de ideas olvidadas.
Pero una que me cala
hasta el fondo del alma
es la que dice que más allá
de la vida de noches de humo,
alcohol,
drogas
y sexo
hay otras vidas.
¡Otras vidas!
¡Otras!
Por ejemplo,
la vida de ese hombre solitario,
sin amigos
o con escasos
que conoce de sobra lo que es la soledad
o estar acompañado de uno mismo
y que sale a la calle,
alguna vez,
de vez en cuando,
a tomarse un café,
charlar,
si se da el caso,
con alguien conocido
y ver pasar a unos y otros transeúntes
para volver a casa
con gramos de alegría
y de haber pasado un buen rato.
Por ejemplo, la vida
de ese hombre deportista,
de mente sana,
en cuerpo sano
que es capaz de levantarse
cuando duermen hasta los gallos
y subir,
andando
o
en bicicleta,
por las faldas de la montaña
al pico más alto de la zona.
Y bajar
tras respirar aire puro
como Dios
y como un nuevo hombre.
Por ejemplo, la vida
de ese lector de libros
que va a la librería
o a la biblioteca
y elige unos cuantos con mimo
para devorarlos
en cuanto tenga un poco de tiempo para sí mismo
y para la lectura.
Un lector que vive los libros que lee
y una vida hecha de los libros leídos.
Por ejemplo, la vida
del hombre que disfruta de los paseos diarios
y que sale a pasear
llueve y truene
y que siente que le falta algo
cuando no sale a caminar
y que no es otra cosa que el camino en las piernas
y desde la vista hasta el alma misma.
Un hombre que paso a paso
y en los mismos
encuentra el sentido de la vida.
Por ejemplo, la vida
del ligón de playa…
y que es capaz de ligar hasta con la madre que lo parió.
Un hombre que encuentra en el flirteo,
y en la aventura sexual
el cielo en la tierra
y la tierra en el cielo.
Por ejemplo, la vida
de ese consumidor de espectáculos
que van desde el cine al teatro,
de la opera a los conciertos musicales
etcétera y etcétera.
Un asistente a los mismos
que disfruta con ellos
y que en el fondo cree que la vida es un espectáculo
que debe continuar.
Por ejemplo, la vida
del amante de la música
que es capaz de quedarse sordo
por escuchar a todo volumen
a su grupo favorito
y que sabe que la música
cura el alma, el cuerpo
y hasta la vida misma.
Por ejemplo, la vida
del hincha de un club deportivo
que por los colores de su equipo
es capaz de dar la vida
y gastarla de campo en campo
y alguno hasta de matar
en una batalla campal.
Por ejemplo, la vida
de quien tiene una mascota
y no se sabe si la misma vive mejor
que él mismo
o al revés.
Por ejemplo,
la vida del vegetariano o del vegano
que cree que le va la vida
en la alimentación
y se olvida que la vida
se pierde es un suspiro.
Y más y más vidas
que las dejo en el tintero.
