El mundo,
el mundo azul marino
y verde campesino
y carne de peón
y blanco de los polos
está hoy al rojo vivo
y al rojo muerto.
Al rojo vivo
porque como los demonios están jugando con fuego
la Tierra
se está calentando tanto
que se parece cada vez más a un infierno
que nos va a quemar vivos
y vivas.
Y es que el cambio climático es
y si no hacemos algo va a seguir siendo
dramático
para todo el mundo,
hasta para quienes se lo toman a risa
y a comedia.
¡Dramático!
Y al rojo muerto
porque los satánicos la sangre que hacen correr,
a más de roja,
es de rojos
y de rojas
y de todos los colores
menos azul.
¡Así de clarinete!
El mundo,
el mundo que hemos levantado sobre la Tierra
los seres humanos
y no el que nos cayó del cielo
quizás por obra de la mano de Dios,
no es el mundo de la vida,
sino el mundo de la muerte.
¡De la muerte!
Y no es el mundo de la vida
porque en este mundo
la mayoría
malvivimos
y sobrevivimos.
Y la minoría
bienvive
y vive mejor que bien.
¡O como dios
o como un rey!
Y es que su bienvivir
y bienestar
es a costa
de nuestro malvivir
y malestar.
Y es el mundo de la muerte
no solo porque la economía capitalista mata
y mata a mares
de hambre, de sed, de enfermedades, de contaminación, de trabajo, de guerras
y demás
y si no mata,
remata,
sino porque la vida no vale casi nada
y la muerte les vale su peso en oro.
Una vida
de esclavitud asalariada
o de explotación remunerada
que a los y las esclavistas y a los explotadores y explotadoras
les supone pocos costos y les sale bien barata
al tiempo que les brinda
ganancias a punta pala.
¡A punta pala!
¡A costa del pico y pala!
¡Del pico y pala!
Y donde se dice que la vida no vale casi nada
entiéndase
no solo la vida humana,
sino la vida en general.
Porque si nuestra vida,
la de sus semejantes
desemejantes,
a los amos y amas de este mundo
les importa un carajo,
la de todos los demás seres vivos
y hasta la de la Tierra,
cero patatero.
Cero patatero
porque en tanto que aumenten los ceros de sus cuentas corrientes
les da igual que se muera el resto del mundo
y el mundo inclusive.
¡Y así les va!
¡De muerte!
¡Y así nos va!
¡De mala vida!
Y donde se dice que la muerte les vale su peso en oro
entiéndase
que si cuando nos ganamos la vida
o, lo que es peor,
la mala vida
trabajando como esclavos
o como explotados asalariados,
los amos y las amas se ganan la buena vida,
cuando perdemos la vida
o nos la hacen perder,
los amos y las amas no pierden su buena vida.
Y es que nuestra vida
como nuestra muerte
para los dichos y las dichas es un negocio redondo.
¡Redondo!
¡Redondo porque ganan de todas todas
y de todos todos!
¡Así de clarinete!
El mundo,
el mundo de “verdad”
es una gran mentira.
O si lo prefiere,
el mundo,
el mundo de mentira
es una gran verdad.
¡Mentira que sea el mundo de verdad!
¡Verdad que es el mundo de mentira!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría un primer mundo,
ni un segundo,
ni un tercer mundo,
sino un mundo
a todas horas
de todas todas
y de todos todos.
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría una clase alta,
ni una clase media,
ni una clase baja,
sino una clase.
Y una clase y ninguna clase vienen a ser lo mismo.
O dicho con otras palabras,
no habría unas clases desiguales
en función del tener,
sino una de seres iguales
en función del tener
y desiguales
en función del ser.
Y por tanto,
no se daría el tanto tienes, tanto eres,
sino el tanto eres, tanto tienes.
Ni más,
ni menos
que el resto.
Y así las personas no serían lo que tienen,
sino que tendrían lo que son.
Y las personas
serían más o menos
en función de sus capacidades
y no de sus propiedades.
Capacidades personales
o de la persona
y propiedades comunales
o de la comuna.
¡Pero capacidades personales al servicio de la comuna!
¡Y propiedades comunales al servicio de las personas!
Y como el trabajo
y el producto del trabajo
serían en común,
a la hora de repartir el trabajo y el producto del mismo
se aplicaría esta máxima:
¡de cada persona según su capacidad
y según las necesidades de la comuna!
¡Y a cada persona según sus necesidades
y según las capacidades de la comuna!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría el mundo del capital,
ni el mundo del trabajo,
ni el mundo del desempleo,
sino el mundo del comunal
y el mundo de la cooperación
o la colaboración
y el mundo del manos a la obra colectiva.
Y es que la contradicción
entre el capital y el trabajo
no se daría al estar
el capital y el trabajo
en las mismas manos.
¡En las manos de la obra comunitaria!
Y el trabajo
no sería por cuenta propia
o ajena,
sino por la cuenta que nos trae a todos y todas.
Trabajo
no por dinero,
ni por amor al arte,
sino por el bien de la comunidad.
Y si me explico,
¡sería uno para la comunidad y la comunidad para todos!
Trabajo
que no generaría plusvalor o plusvalía capitalista,
sino valor o valía comunalista.
Valor o valía que residiría
en que valdría
o sería válido y válida
para la comuna.
Trabajo
sin ganancia personal o privada
y con beneficio general
o por el bien común.
Trabajo
no por el propio interés,
sino a favor de la colectividad.
Trabajo
no tasado y con un precio,
sino apreciado, valorado y estimado
porque es valioso para la sociedad comunal.
Trabajo
impagable con dinero
y pagado con la satisfacción
de las necesidades propias y ajenas.
O con una vida digna de ser vivida
para todos
y para todas.
Digna por compartir y repartir
lo justo y necesario
para la vida individual y comunal.
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría un primer poder,
ni un segundo,
ni un tercer poder
o no habría los tres poderes clásicos,
ejecutivo,
legislativo
y judicial.
Ni habría un cuarto poder,
el de los medios de comunicación.
Ni habría un quinto poder,
que hay quienes consideran que es
el del poder político de los gobiernos
sobre la economía,
como hay quienes aseguran que es
el de la red de redes o Internet.
Ni habría los superpoderes que son
el poder económico
y el poder militar.
No los habría,
porque solo habría un poder,
el poder del pueblo,
el poder de las personas.
¡Del pueblo!
¡De las personas!
No el del primer mundo sobre el resto de mundos,
ni el de la clase capitalista sobre el resto de clases,
ni el de unos poderes sobre otros poderes
y sobre los desapoderados,
sino el poder del pueblo,
el poder de las personas.
¡Del pueblo!
¡De las personas!
¡Pero del pueblo al servicio de las personas!
¡Y de las personas al servicio del pueblo!
¡Y donde dije pueblo, digo comuna!
¡Y donde dije personas, digo comunes!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no sería un mundo de hombres sobre mujeres,
ni de blancos sobre negros…,
ni de ricos sobre pobres,
ni de patronos sobre obreros,
ni de capacitados sobre discapacitados,
ni de Estados sobre pueblos,
ni de ideologías dominantes sobre ideologías dominadas,
ni de las mayorías sobre las minorías,
ni de lenguas vivas sobre lenguas en peligro de muerte,
ni de culturas hegemónicas sobre culturas subordinadas,
ni de identidades sobre identidades,
ni de credos sobre credos,
ni de nada sobre nada,
ni de nadie sobre nadie.
Porque sería un mundo de personas,
de personas humanas
y de personas libres e iguales y en paz.
O en una palabra,
justas.
Justas
en un mundo que sería
la justicia en persona.
¡La justicia en persona!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad…,
¡otro mundo cantaría!
¡Y lo haría de alegría!