Hay días
que siento
que me voy a comer el mundo
y hay días
que siento
que el mundo me va a comer.
Y de comerse el mundo
a que el mundo te coma
va un mundo.
Hay días
que siento
que me voy a comer el mundo
y hay días
que siento
que el mundo me va a comer.
Y de comerse el mundo
a que el mundo te coma
va un mundo.
Todos somos
un poco como la luna.
Y es que tenemos una cara
que da la cara al resto del mundo
y tenemos otra cara oculta
que se oculta al resto del mundo.
Me gustan tanto algunas mujeres
y me disgustan tanto algunos hombres.
Y es que me gustan las mujeres
que se portan bien con los hombres
y me disgustan los hombres
que se portan mal con las mujeres.
Anteayer no me encontraba bien.
Y ayer no me encontraba bien.
Y hoy no me encuentro bien.
Y mañana no me encontraré bien.
Y pasado mañana no me encontraré bien.
¿Y es que en un mundo
que está mal
cómo te vas a encontrar bien?
¿Y en un mundo
que estuviera bien
cómo te vas a encontrar mal?
He leído en Internet
un verso
que me ha llamado la atención
y que decía así:
mantengan los niños
al alcance de los libros.
Aunque también se podría decir:
mantengan los libros
al alcance de los niños.
Porque los niños
tienen que estar al alcance de otras cosas
aparte de los libros.
A más de que no todos los libros
son adecuados para los niños.
Y es que hay libros
para cuando uno es un niño
y hay libros
para cuando uno es un joven
y hay libros
para cuando uno es un adulto
y hay libros
para cuando uno es una persona mayor.
Aparte de que no se leen los libros
de la misma manera
según van pasando los años.
Y es que lo que te llama la atención de niño
quizás no lo haga de mayor
y a la inversa.
Y quizás lo que te llama la atención de joven
no lo haga de adulto
y a la inversa.
¡Y lo dejo aquí
porque habría más posibilidades!
¡Pero el caso es que nuestra mirada
a la hora de leer
cambia con la edad!
A veces
creo
que ya no me duele
el dolor
y que ya no me place
el placer.
Pero luego
el dolor me duele
y el placer me place.
Aunque lo anormal
sería
que me doliera el placer
y que me placiera el dolor.
¡Y eso de momento no me ocurre!
¡Y ojalá que no me ocurra nunca!
¡Porque sería una desgracia
y yo sería un desgraciado infeliz!
La filosofía
es una poesía gigantesca
y la poesía
es una filosofía en miniatura.
Y es que si la filosofía es un bosque,
la poesía es un bonsái.
Como la belleza
o la fealdad
no es algo interno solamente,
sino que también es algo externo,
puede ocurrir
que haya alguien
que sea bello por dentro
y feo por fuera
y al contrario.
Pero de lo que quería poetizar
no era de esto,
sino que quería escribir
una poesía para decir
que no hay mujer
que sea fea.
De tal forma
que puede haber mujeres
que no sean ni guapas
ni feas.
Pero también puede haberlas
guapas
y también muy guapas
y hasta guapísimas.
Pero hay algunas mujeres
incluso más guapas
que guapas
y que guapísimas
y es que hay mujeres
que son poesía.
Poesía de cuerpo
y de alma
y de cabeza
y de corazón.
Poesía del ser en definitiva.
¡Y lo que digo de las mujeres
lo diría también de los hombres!
¡Porque también hay hombres que son poesía!
¡Y es que en el fondo lo que hay
son personas
que son poesía!
¡Y lo son
sobre todo
por ser personas
o por ser seres humanos!
¡O en otras palabras!
¡Por su personalidad!
¡O por su humanidad!
En todo hijo
o en toda hija
hay algo de su padre
y de su madre.
Y en todo padre
y en toda madre
hay algo de su hijo
y de su hija.
¡Y es que por algo
unos y unas
son los padres y madres
de sus hijos y sus hijas
y otros y otras
son los hijos y las hijas
de sus padres y sus madres!
Mi poética es muy filosófica
o mi filosofía es muy poética.
Y es que a veces
no sé si soy
un poeta
o si soy
un filósofo.
O quizás es que lo que soy
es un poeta filosófico
y un filósofo poético.
Pero una cosa tengo que decir
si la filosofía
es el amor a la sabiduría,
para mí,
la poesía
es el amor a la vida.